lunes, 20 de septiembre de 2010

el estado de las cosas

Ocurre una cosa, en mi cerebro.
Tengo una memoria horrible. Hay gente que ronca, hay gente que no sabe qué va con B o con V. Yo no me acuerdo de nada.

Solo recuerdo algunas fechas, teléfonos puntuales, etc. Por eso mi recuerdo de las asignaturas de historia es inestable en el mejor de los casos. Pero si tuviera que resumir el concepto fundamental detrás de la evolución del arte, diría lo siguiente:

Todo estilo artístico se puede resumir en tres etapas fundamentales; inicio, estabilidad, y declive. En la fase de inicio el estilo busca donde apoyarse, generalmente en un concepto primero, fundamental. Es la etapa arcaica (usando la escultura griega como ejemplo) en la que los objetos son estáticos, la geometría simplificada, etc. No por no conocer la técnica de la piedra, sino porque no se encuentra la forma de transmitir mejor el concepto. Se sabe qué se quiere hacer, pero no se sabe como.


La segunda etapa es la clásica, donde se depura la técnica y el concepto se transmite con facilidad. Se establecen unas pautas que definen el estilo, creando una estabilidad y casi-mecanismo a la hora de decidir cómo se crea una obra. Se alcanza un equilibrio entre la idea y su llevada a cabo.

Una vez depurado el concepto, la técnica y la ejecución, se cae en el helenismo. Más allá de la serenidad y pensamiento de la época clásica, todo se descompone en una explosión de exageraciones, donde se retuercen ideas y se exprime la técnica al máximo. Se distorsiona la estabilidad clásica.

Además es posible hacer esto con todos los estilos artísticos, desde el griego hasta el modernismo, pasando además por cualquier tipo de arte (arquitectura, cine, fotografía...)

Lo que quería decir con esto es que yo creo que estamos en una época helenista, y que además llevamos tiempo metidos. La arquitectura del siglo XX sufrió la crisis de la modernidad,que surgió de la Revolución Industrial y los nuevos materiales. Tuvimos una época primera, investigando lo que significaba esta nueva arquitectura (Labrouste, Paxton), que todavía bebía mucho de estilos anteriores. El "clasicismo" llegó más tarde, dándole un lenguaje propio al estilo (Gropius, Mies, Corbusier), no necesariamente por la finalidad formal que alcanzaron, sino por el salto conceptual de evitar historicismos y buscar algo nuevo.

Llegados a nuestros días, y habiendo barrido de forma tan ofensivamente genérica la historia del arte, es evidente que estamos en un momento post-Corbusier. Agarramos y retorcemos conceptos antiguos (organicismo, funcionalismo), mezclándolos con prefijos y sufijos casi aleatorios (hiperracionalismo, deconstructivismo) Los resultados son extraños, dudosos. El hormigón pierde su grosor, el vidrio aguanta cargas. Se habla sobre la arquitectura que vuela, que se mueve, que desaparece. Koolhaas habla sobre la post-arquitectura.

En un mundo que se puede construir cualquier cosa, ¿deberíamos hacerlo?
Peor aún, ¿donde vamos después de haberlo hecho todo?

Tal vez tenemos que aceptar nuestra helenicidad y construir amoebas...

Post-amoebas lineales, conductoras de flujos.

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